Washington D.C. – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este domingo una drástica medida dentro de su agenda económica nacionalista: la imposición de aranceles del 100% a todas las películas producidas en el extranjero que ingresen al mercado estadounidense. La iniciativa, enmarcada en su renovada política proteccionista, tiene como objetivo revitalizar la industria cinematográfica nacional y contrarrestar lo que el mandatario calificó como una «invasión de contenido extranjero» que amenaza la soberanía cultural y económica del país.

A través de su plataforma Truth Social, Trump comunicó que ha autorizado tanto al Departamento de Comercio, encabezado por Howard Lutnick, como a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, a iniciar de forma inmediata el proceso regulatorio para aplicar el nuevo gravamen. “Este arancel se aplicará a cualquier película que llegue al país y que haya sido producida fuera de nuestras fronteras”, indicó el presidente.
En un comunicado posterior, Trump argumentó que la medida responde a una creciente preocupación por el deterioro de la industria cinematográfica estadounidense, que —según afirmó— está siendo “devastada” por los incentivos que otros países ofrecen a cineastas y estudios norteamericanos para trasladar sus producciones al extranjero.
“La industria cinematográfica de Estados Unidos está muriendo rápidamente. Otros países ofrecen todo tipo de beneficios para atraer a nuestros creadores y estudios. Hollywood, y muchas otras regiones del país, están sufriendo las consecuencias”, afirmó el presidente.
Además, Trump calificó estas prácticas como una “amenaza para la seguridad nacional”, asegurando que muchas de las películas producidas fuera del país “funcionan como propaganda extranjera”. En su publicación en redes sociales, concluyó con un llamado a la recuperación del cine nacional: “¡Queremos cine hecho en Estados Unidos otra vez!”
La medida ha generado un debate inmediato en círculos políticos y culturales, con reacciones divididas. Mientras algunos sectores conservadores y gremios cinematográficos locales aplauden el intento por reactivar la producción interna, críticos y representantes de la industria advierten que la imposición de aranceles podría encarecer el acceso a contenidos internacionales, limitar la diversidad cultural en las pantallas estadounidenses y desatar represalias comerciales por parte de otros países.
Analistas señalan que esta decisión se suma a otras políticas de línea dura impulsadas por Trump en su segundo mandato, orientadas a fortalecer el “Made in USA” en múltiples sectores, desde el acero y la tecnología hasta los medios y el entretenimiento.
Por el momento, no se han detallado excepciones a la norma ni una fecha exacta para su entrada en vigor, aunque fuentes cercanas a la Casa Blanca indican que el proceso podría completarse en cuestión de semanas.

